Historia de una buceadora, Carmensalo

Mis primeros pasos como buceadora

Mi nombre es Carmen y puedo decir que desde que tengo conciencia vivo en un contacto constante con el océano, aprendí a nadar buceando y lo primero que veía al despertar era el mar. Siempre tuve una gran inquietud por explorar y descubrir todo su misterio. Así que con 16 años, en uno de nuestros viajes al Caribe, mi padre que también siente devoción por el mar, me regaló el Open Water de PADI en Playa Bávaro. La verdad que fui a una, sin pasar por el bautizo, yo ya sabía que eso era para mí. La primera sensación en la piscina fue rara, incluso me llegué a agobiar un poco, pero pasados unos minutos todo fluía mucho mejor y cuándo ya nos llevaron a aguas abiertas todo cobró sentido. Ya lo tenía; algo que había estado buscando toda la vida sin saberlo… ¡lo había encontrado! Recuerdo perfectamente la felicidad que sentí en ese momento y también recuerdo que desde ese instante el océano y yo íbamos a ser inseparables.

El buceo en Bávaro es muy bonito, hay infinidad de peces de todos los colores y de todo tipo, la visibilidad es buena y la temperatura siempre alrededor de 28 grados. Pueden sorprenderte manatíes, manta rayas, peces globo que parece que siempre estén sonriendo y depende de la inmersión, incluso, algún tiburón… encuentro que es un lugar idóneo para todos los que estén empezando, un buceo muy tranquilo, sin corrientes y con vida. A parte de todo lo que la isla ofrece y otras actividades que se pueden hacer, es increíble lo que su gente transmite, sencillez, humildad y que nada es mas importante que permanecer alegre, contagiarlo, formar comunidad y despreocuparse por cosas superfluas.

Cuando llegó el último día en República Dominicana, sinceramente, no quería irme… entonces supe que debía seguir buceando y formándome.

De modo que el verano siguiente volamos a Jamaica y allí me saqué el siguiente curso, el ADVANCED OPEN WATER de PADI. Así que por fin iba a poder ir más allá de los 18 metros y las inmersiones que iba a poder hacer iban a multiplicarse, abriéndome un abanico más amplio de exploración y recreación en este medio que tan hipnotizada me tiene. Fue muy gracioso cuando en la inmersión profunda me hicieron calcular un problema matemático a 32 metros y fui mucho más rápida en solucionarlo que estando en superficie. Todas las inmersiones partían desde Negril, al oeste de la isla, en la zona de Long Bay hay abundancia de coral y por consiguiente mucha vida alrededor, mucho color y mucha diversidad, de hecho es zona protegida y simplemente haciendo snorkel se puede apreciar todo lo que esas aguas albergan. Además de tener una visibilidad muy buena, se forman recovecos y grutas y la luz que penetra en el agua crea reflejos únicos. También hay algún que otro pecio. Y otra vez, cuando llegaba la hora de regresar volvían en mí esas ganas de quedarme. Asimismo, en Jamaica sigue habitando la ley rasta en algunos barrios, predomina la esencia isleña, esa sensación de que no existe ni lugar ni hora, y el carpe diem en estado puro; algo que también se fue apoderando en el que, sin querer, se estaba convirtiendo mi estilo de vida.

Gracias al océano, al submarinismo y toda su comunidad seguí creciendo de un modo especial, profesional y único que en el siguiente post continuaré desvelando…

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